En Chile se observa una importante brecha en el logro de matemática a favor de los hombres, tanto en pruebas nacionales como internacionales. Algunas teorías plantean que al menos una parte de estas diferencias podrían ser atribuibles a estereotipos de género relativos a las habilidades matemáticas.

 
Este tema fue abordado por el estudio “¿Son las habilidades matemáticas un asunto de Género? Los estereotipos de Género acerca de las matemáticas en niños y niñas de Kínder, Sus familias y educadoras”, realizado por las investigadoras María Francisca del Río, Katherine Strasser y María Inés Susperreguy, con el apoyo de la Convocatoria de Investigación en Educación del Consejo Nacional de Educación y del Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (Fondecyt), a través del proyecto N° 1150156.
 
Para explora los estereotipos de género, implícitos y explícitos, de estudiantes, madres, padres y educadoras, participaron 93 niños y 87 niñas de Kínder, de nivel socio económico (NSE) medio-bajo y alto; sus padres y las 19 educadoras de sus salas, pertenecientes a colegios y escuelas del área urbana de Santiago, Región Metropolitana. Se aplicaron medidas de estereotipos explícitos e implícitos a los niños, madres, padres y educadoras.
 
Este estudio buscaba conocer los estereotipos de género relativos a habilidades matemáticas en niños y niñas, educadoras, madres y padres, evaluando posibles diferencias de acuerdo con el NSE de origen. Los datos muestran un estereotipo generalizado entre los adultos (padres, madres y educadoras) que asocia la matemática con el género masculino. Esta es una asociación que se mostró estadísticamente significativa en todos los casos y que demuestra que las hipótesis de trabajo estaban en la dirección correcta. Así, las brechas de resultados entre hombres y mujeres en las pruebas estandarizadas de matemática en el país tienen, como la otra cara de la moneda, el que los adultos más relevantes en la vida de los niños efectivamente creen que la matemática es un asunto que se asocia más con lo masculino que a lo femenino.
 
En el presente estudio se ha visto que tanto educadoras como padres y madres poseen estos estereotipos y, por ende, se puede suponer que desde temprano en la vida de los niños y niñas que aún no entran a la educación básica podrían ofrecer diferentes oportunidades de aprendizaje. Como resultado, a medida que los estudiantes avancen en su educación, irán recibiendo oportunidades de aprendizaje de matemática diferenciadas por género, lo que aumentaría sus brechas de aprendizaje y rendimiento en esta disciplina.
 
Otro resultado que concuerda con lo esperado es que todas las medidas de estereotipos correlacionan entre sí en el caso de los adultos. Esto quiere decir que el estereotipo está presente tanto a nivel implícito, como explícito, lo que otorga aún más fuerza a estas creencias. Además, estos hallazgos entregan evidencia de la consistencia de estas creencias estereotipadas de los adultos significativos en la vida de los niños.
 
A partir de lo anterior, se podría esperar que todos los niños presentaran el mismo fenómeno. Los resultados mostraron que todos los niños varones y las niñas de NSE bajo asociaban la matemática con lo masculino, cuando se evaluaba con instrumentos de corte implícito. En cambio, las niñas de NSE alto no asociaban la matemática a ningún género específico. Este fenómeno es de gran interés, pues muestra que estos estereotipos son creencias que se desarrollan alrededor de esta edad y que parecieran instalarse de manera diferenciada en distintos grupos. En efecto, estudios (Cvencek, Meltzoff et al., 2011) muestran que en niños estadounidenses estas creencias aparecen ya desde 2º básico, tanto en hombres como mujeres. Nuestros resultados sugieren que en nuestro país aparecen desde más temprano y, que además, esta es una edad crítica donde intervenir.
 
Por otra parte, el hecho de que los estereotipos de los niños solo aparecieran con las medidas implícitas, no es de extrañar. Este tipo de instrumento ha demostrado ser más sensible a estos fenómenos, por lo cual es posible que, si los estereotipos están emergiendo de forma incipiente a los cinco años, solo los instrumentos más sensibles son capaces de detectarlos. En efecto, existe evidencia que muestra que los estereotipos de género infantiles se fortalecen con el paso del tiempo (Coyne, Linder, Rasmussen, Nelson & birkbeck, 2016, en prensa), por lo cual podemos entender los resultados obtenidos como una fotografía de un momento en el desarrollo donde los estereotipos de estos niños y niñas están lo suficientemente consolidados para afectar su conducta en pruebas implícitas, pero no lo bastante como para ser expresados en forma verbal. Asimismo, es importante destacar que este es un estudio pionero en evaluar con medidas implícitas y explícitas estereotipos en niños de tan corta edad, por lo que estos resultados contribuyen al cuerpo de conocimientos del desarrollo de los estereotipos en niños en edad preescolar.
 
La diferencia en estereotipos que aparece entre los distintos niveles socioeconómicos también se había hipotetizado. Como ya se ha mencionado, en Chile la brecha de género en matemática es más marcada entre los estudiantes de menor ingreso. Los resultados son concordantes con esta realidad, pues justamente muestran que son las niñas y las madres de NSE bajo quienes presentan de manera más intensa el estereotipo. De esto se desprende que es justamente este grupo el que debiera ser prioritario a la hora de diseñar políticas que intenten ofrecer iguales oportunidades de aprendizaje a niños y niñas.
 
En resumen, la evidencia de este estudio que muestra que tanto adultos significativos –padres, madres y educadoras–, como niños de kínder ya poseen estereotipos que asocian la matemática a los hombres llama urgentemente a buscar intervenciones que se dirijan a promover que tanto niños como niñas tengan las mismas oportunidades para aprender y acceder a profundizar de las áreas que utilizan la matemática.
 
Algunos desafíos futuros son conocer la relación específica diferencial que los estereotipos de padres y madres tienen sobre los niños, de acuerdo con su género y llevar a cabo análisis que permitan explorar la relación de estereotipos de las educadoras con los niños anidados en su curso. Asimismo, sería relevante evaluar el efecto de los estereotipos de educadoras, madres y padres en el desarrollo de habilidades matemáticas tempranas y posteriores, de modo de estudiar su estabilidad y cambio en la transición a 1º básico, donde los niños se ven expuestos a otros profesores y su autoconcepto se vuelve más estable.
 
Más información sobre este estudio en Revista Calidad en la Educación

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